viernes, 29 de enero de 2010

Sobre empezar

Creí que iban a llover estrellas.
Parecía que si alargabas la mano hacia el cielo encontrarías una cuerda invisible que nunca antes habías sentido.
Parecía que si tirabas de esa cuerda todas las estrellas caerían como enérgicas supernovas cantando el himno de la bala, una detrás de otra, en una progresión infinita que sólo podía llevar a un desenlace posible: la destrucción de cuanto no has bailado todavía.
Lo que no has comido, lo que no has gritado, lo que no has leído, saltado, golpeado, sentido, insultado, tocado, escuchado, lo que no has vivido...
Parecía que no iba a acabar jamás, pero entre la eterna fila que formaban inconmensurables y pétreos edificios, empezó a dejarse ver la dorada corona de un gran sol perezoso y dormilón que prometía con el calor de sus recién levantados susurros que ése, y sólo ése, podía ser el día.